Roma no paga a traidores

 

 -Crisis. Hablaron de crisis durante meses y algún año, nos convencieron a todos de que teníamos que poner el cuello y arrimar el hombro. Muchos solo veíamos números que hasta que no repercutían en uno mismo no dábamos importancia.

-Individualidad. Solo nos importa nosotros mismos y en menor grado nuestros más allegados, que en cualquier caso, ahora son menos que antes.

-Es cierto, cuando era niño nos reuníamos gran cantidad de familiares, tíos, primos, abuelos… ahora a duras penas nos vemos. ¿Qué está pasando?

-Miedo. Los verdaderos dirigentes de este mundo quieren que el miedo inunde los corazones de todos. Ellos tienen miedo de perder el poder y hacen maniobras como estas para que la gente tenga pánico, de esta forma se puede aplastar a la base de la pirámide aun más y esta aun dará las gracias.

-Política: mismos perros con distintos collares. No sabría encontrar diferencias más allá del eslogan entre los dos grandes partidos.

-Son marionetas, la política hace años que dejo de ser el poder para convertirse en un instrumento más de la economía. Los políticos se ponían medallas por haber conseguido que una fábrica de coches continuase aquí. Patético, simplemente patético.

-El mundo no tardará en colapsarse, hay hambre y la gente está furiosa, pero nos tienen cogidos por las pelotas. Los grandes banqueros y empresarios controlan a los gobiernos y estos a los cuerpos policiales y militares, que cada vez son mayores debido a la falta de trabajo convencional. Estos tienen miedo de no cobrar, así que siguen igual y bajo orden de los organismos gubernamentales impiden un levantamiento popular.

-El sistema monetario esta en el epicentro de todo y mientras siga controlando al mundo, mientras tenga convencida a la gente de que necesita billetes estaremos así de jodidos.

-A mi me hacen gracia los medios de comunicación, cuan diferente es una misma noticia en un sitio u otro.

-Todo por el bien de nuestra confusión y desinformación.

-Cambiando de tema, Escriba me comentó que en el gueto B había buena música y que había conocido a varios ZM. Me duele el culo de estar aquí sentado, ¿te apetece venir?

-Está bien, ¿nos encontramos en Paral.lel a las 18?

-Ok! – FINAL DE LA CONEXIÓN.

Recosté mi cabeza en el respaldo de mi silla, la habitación era una pocilga pero no sería por mis pertenencias, las paredes eran de papel y era evidente que había por lo menos cuatro capas ya. El amarillo rancio de un supuesto techo blanco, junto a lagos marrones de mierda acumulada de varias filtraciones, me desmoralizó aun más. Me levanté y comprobé que no tenía en la nevera más que una lata de aceitunas y un bote de mayonesa pasada.

Tenía una cazadora verde y una camiseta marrón claro, unos pantalones que fueron negros años atrás y unas botas marca “niidea”, me costaron cuatro duros pero llevaba siete años con ellas y seguían enteras. Da gusto cuando encuentras algo que dura de verdad, ya hace años que se fabrican las cosas con ánimo de que duren 4 días y tengas que comprar más y más, consume, gasta, necesitas cosas, necesitas dinero. Dinero… siempre dinero. Bajé por las escaleras, el ascensor llevaba tres años averiado, para variar se escuchaba la típica bronca de Luis y Sara, siempre estaban gritando, ya fuera para discutir sobre cualquier pamplina o porque estuvieran follando, pero nunca callaban.

La calle, hacía años que no había servicio de recogida de basura, costaba dinero y nosotros no teníamos, así que la mierda se acumulaba. Escriba me enseñó una catapulta que hizo con unos amigos suyos, con ella por las noches bombardeaban las rejas de la Diagonal, estas separaban nuestro territorio de la Barcelona Norte.

Lector me esperaría como siempre al lado de un barril en llamas, mientras conversaba con algún paria, pero la pregunta era si hoy por hoy, seríamos nosotros los normales o lo serían los de la Barcelona Norte. Cuando era pequeño había mendigos, pero casi todos vivíamos bien, bueno me refiero a los españoles, los inmigrantes estaban un poco mas puteados, pero incluso ellos estaban mucho mejor que ahora todos nosotros. La policía hacia dos años que no se adentraba y el ejército sólo para ir cascar a algún tipo que habían localizado y se había pasado en exceso. Qué asco… antes era un sitio cojonudo y ahora está lleno de mierda, los Carroñeros patrullan las calles para ver si localizan algún muerto que llevarse y vender sus órganos, había mucho yonqui y suicida suelto, además de asesinos. Batallas por comida se habían dado en multitud de ocasiones dejando una muchedumbre de heridos y varios muertos, muertos que serían vendidos a piezas en mercados poco legales. Recuerdo cuando todo empezó, la crisis, los recortes, los expedientes de regulación… pasta, dinero, echaban la culpa a la avaricia de los bancos y se quedaron contentos metiendo a dos grandes estafadores en cárceles que se parecían más a hoteles, mientras los cabrones de los “Yateman” seguían tranquilamente en sus yates con su “champagne”, y alguna chavala comiéndole los huevos. Como siempre fuimos los mismos los que pagamos el pato, nos jodieron los bancos y las empresas sacaron tajada, ¡hay crisis, reduzcamos derechos! Los gobiernos ayudaron a los peces gordos a salir de su crisis, total todos los políticos tienen rentas vitalicias así que hambre seguro que no pasarán.

El transporte público hacía años que terminó y por la Barcelona Sur lo normal era ir caminando, las bicis solían desaparecer y los vehículos motorizados acabar devorados por las llamas. Estaba cerca por eso, a no más de un cuarto de hora, siempre mirando de evitar grupos de cabezas rapadas y si era posible mezclarse con punks o grupos grandes de gente mejor, ir solo podía ser peligroso.

Lector estaba con una mujer hablando, al lado de un barril en llamas como era de esperar, tres niños y una niña de no más de siete años, jugaban chutando un pequeño cascote a modo de pelota.

-¿Ya estás aquí? Has tardado menos de lo que creía, mira Isis te presento a Vacío.

-Un placer y hasta otra.

-El placer es mío.- La mujer se alejó con los niños.

-Escriba está dentro, me ha dicho que buscaría sitio.- Yo asentí y nos metimos los dos a la antigua parada de metro. La entradas del antiguo teatro Apolo estaban derrocadas así que sólo había dos entradas que iban a comunicar a un único pasillo, al principio de ese pasillo dos tipos con bates de beisbol hacían guardia para evitar que carroñeros entrasen, ya allí se escuchaba música de “Tortoise”, había decenas de personas sentadas en el suelo o en algún sofá hecho trizas, muchos colocados, otros simplemente idos, gente de todo tipo, jóvenes y no tan jóvenes. Atravesamos las antiguas taquillas donde estaba el tipo que ponía música y contemplamos las cuatro vías, había colchones y luces que se perdían a banda y banda de los túneles, gente iba y venía por allí, algunos distaban mucho de ser considerados personas. Escriba me dijo en una ocasión, que las almas en penas de las que hablaron autores de libros de terror, no conocieron a las que existían en este mundo.  Al bajar por la andana central me encontré con un viejo que siempre estaba hablando, la primera vez que vine ya estaba y en aquel entonces ya hablaba solo.

-…le dije que no lo entendía… mi madre me llamó Luis, ¿porque debería hacerme llamar Piedra, Hojalata o Morcilla? ¡Tú! ¡Te conozco! ¿Tus ojos te delatan… cómo te llamas?- Tenía las pupilas dilatadas, los psicotrópicos ingeridos por el viejo parecían que iban a hacerle estallar los ojos y esos ojos se clavaron en los míos.

-Vacío.

-No… nadie se llama así… ¡ni el diablo tendría un nombre así! ¿Cuál es tu nombre chico?

-Abuelo, nadie sabe los nombres reales de nadie para que no podamos traicionarnos si nos cogen, ¿entiende?

-¿Si os cogen? Si te cogen chico mas te vale tener esto a mano.- Sacó una navaja.- Y usarla.- El acero penetró por el cuello atravesándole la arteria yugular.

-¡No! ¿Mierda abuelo que hace? ¿Por qué?- Un sonido gutural ahogado y burbujeante fue su respuesta, mientras su vida escapaba entre mis dedos impregnados de sangre. Había visto muertos, demasiados quizá, pero siempre jodía y más cuando te miraban a los ojos, esos ojos atormentados de demente colocado, pero ojos al fin y al cabo. Dos tipos con rastras se acercaron y nos invitaron a apartarnos.

Alguien me tocó por la espalda, al girarme un beso desatado disipó mi visión de la muerte del viejo. Escriba besaba como nadie que hubiese conocido, al separarse contemplé su cabello pelirrojo rizado, sus ojos turquesa y su despampanante cuerpo, aun seguía sin entender por qué ostias se acostaba conmigo de tanto en tanto.

- Hola…

-¿Estás bien?

-Bueno… digamos que mejor…

-Escriba, ¿no me vas a dar a mí la misma bienvenida?- Lector era un tipo frío de cuarenta y tantos, antes de la crisis había sido cirujano, tenía nervios y estómago de acero, jamás le había visto alterado, y en vez de continuar con su vida de buen vividor vino como voluntario al hospital de campaña que se instaló por no sé qué ONG.

-Mañana, Lector, mañana. Escuchadme, he estado hablando con Demiurgo, me ha dicho que quiere hablar contigo Vacío,  sabe que tienes ideas buenas para actuar y quiere ponerlas en práctica si le convencen.

-¿En serio? ¿Dónde está?

-En “Liceu”. Tengo una vagoneta preparada que nos ahorrará mucho camino.

-“Liceu” está muy cerca de Catalunya, no será peligroso?

-No te preocupes Demiurgo siempre tiene ojos vigilando.- Miré a Lector y este me respondió con un semblante de indiferencia.

-¡Está bien… vayamos!- La vagoneta de Escriba era de esas que tenías que ir dando a una manivela arriba y abajo, ir a “Drassanes” no fue nada del otro mundo, pero “Liceu” estaba cuesta arriba y nos cansamos de lo lindo. Por los túneles paseaba gente, había barriles en llamas y colchones mugrientos, Demiurgo y Togarini habían hecho brechas en los metros para poder acceder a las cloacas y salir donde ellos quisieran, tenían mapas detallados y habían colocado multitud de trampas para si algún espabilado intentaba usarlas. Demiurgo y su brazo armado habían hecho incursiones en lugares cercanos  a la zona norte por el sistema de alcantarillado, pero igual que nosotros pusimos trampas, el ejército hizo lo propio en el norte y no era seguro aventurarse ahora por allí.

-¡Alto!- Una chica con una pistola y una linterna nos dio el alto en “Liceu”.

-¡Soy Escriba!- La chica nos pegó un fogonazo en la cara para identificarnos.- ¡Quita el foco que no veo nada!

-Perdona, pero debía asegurarme que no erais ningún militar.

-Llévanos hasta Demiurgo, he de hablar con ella.- La chica asintió y nos acercó a la taquilla donde una mujer de treinta y largos hablaba con un par de chicos.

-Demiurgo, Escriba y sus amigos han venido.- La mujer nos miró detenidamente.

-Gracias Linda, puedes marchar.- Su acento la delataba como alguien de Sudamérica pero su rostro era muy similar al de un español, así que me decliné por Argentina.

-Así que vos sois Vacío y como no Lector, ¿verdad?- Sin darnos tiempo a contestar continuó.- Escriba me habló muy bien de ti y tu plan, bien sentaos ahí mismo y hablemos.- Nos acercamos a un banco y nos acomodamos.

-Bueno… no se qué te habrá comentado Escriba, pero mi plan va de difusión mediante actos, unir a todas las estaciones y gentes de las zonas sin dinero.

-¿Y como pensáis hacerlo? Es como que imposible, ¡la gente no se unirá!

-Sí, si les damos a entender que podemos doblegarles si nos ayudan, y ahí es donde viene lo difícil. Para que nos echen un cable primero tienen que ver que somos capaces de tocarles los huevos a los pijos.

-¿Y cómo piensas hacer eso?

-Pues…- El sonido de un móvil interrumpió la conversa, Escriba se echó mano al bolsillo sobresaltada.

-Escriba te dije que no quería móviles aquí, sabes que pueden rastrear la llamada.

-Tranquila es mi madre… ¿Si?... No madre, no puedo hablar ahora ya te llamaré.- Colgó y apagó el aparato.- Disculpadme.

-¿Que te decía?  A si, lo mejor que podemos hacer para tocarles las narices es ir a sus centros neurálgicos y…

-¡Demiurgo alguien viene!- El sonido de las armas automáticas se hizo presente.

-¡Todos a las armas! Mandad a esos cabrones al infierno!- La gente se movía con velocidad, muchos con pistolas, otros con rifles de caza y alguno con escopetas de la policía.  Por la entrada sur entraban exterminadores, militares con armaduras de combate completamente blindadas y ametralladoras pesadas “Gatling”, detrás de ellos tropas de asalto con armas automáticas ligeras. Cuando el primer exterminador accionó su arma el mundo parecía llegar al apocalipsis, el estruendo y la destrucción de tales armas eran desmesurados. Yo no había ido al combate,  estaba en el suelo encogido con las manos en la cabeza. No escuchaba nada, tan sólo el horrendo ruido de balas y mis gritos de terror. Alguien me tiraba del brazo, abrí los ojos y era Escriba.

-¡Levántate! ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Rápido!- Simplemente la seguí, era absurdo, huíamos hacia la otra salida mientras nuestros compañeros morían en una matanza, Lector tenía un arma, pero viendo el panorama había decidido unirse a nosotros. Corríamos con todas nuestras fuerzas, pronto llegamos a las escaleras, momento en el cual las tropas de asalto ya habían tomado la terminal y dictaban ordenes para ir en nuestra búsqueda. Cuando las empezábamos a subir notaba el pecho a punto de reventar pero o huíamos o moríamos. Arriba vimos como aquel pensamiento sobre lo absurdo de la huida se hizo presente. Estábamos rodeados por una veintena de soldados, varios vehículos y detrás había un helicóptero donde un tipo bien vestido con gafas de sol hablaba alegremente con un coronel.

-¡Quietos todos! ¡Las manos arriba!- Gritó un soldado.

-Bueno chicos, se acabó la aventura…-Dijo Lector.

-Es el Comandante, el es Vacío, es el que estaban planeando el atentado, es el cabecilla! Se lo he traído como prometí.- Gritaba Escriba, dos soldados se acercaron y me apresaron mientras los otros apuntaban a Lector y la zorra traidora de Escriba. Los dos tipos del helicóptero se acercaron. Unas bridas se apretaron con firmeza alrededor de mis muñecas, y solté un leve gemido de dolor, mis ojos se clavaron en la miserable que había hecho que nos cazaran. Ahora se por qué se acostaba conmigo.

-Así que este es el legendario Vacío ¿eh? Muy bien…

-¡Ahora págueme como prometió! ¡Quiero mis millones! ¡Mi casa en la zona norte!  

-Es cierto Escriba, liberadles a los dos.- Los soldados dejaron de apuntarles.- En cuanto a tu recompensa, ya lo dijo el cónsul Servilio Cepión: Roma no paga a traidores.

Autor: David Fermiñan Aguilar

 

 
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