L A S  T R A D I C I O N E S

 


LA PETICIÓN DE GALLOFA

Allá por el mes de Junio  existía la costumbre de que los mozos tenían que limpiar el tramo del río que utilizaban las mujeres para lavar la ropa. Este tramo estaba situado entre el puente y la bajada del Prado Juan. Las crecidas del invierno habían  arrastrado restos  de berros, bergazas y hojas, y habían deshecho las orillas y pocetas donde lavaban y aclaraban la ropa. Después de que los mozos terminaban de limpiar, hacían LA PETICIÓN DE LA GALLOFA que consistía en ir pidiendo por todas las casas del pueblo para que las mujeres en agradecimiento les dieran comida o dinero con lo que preparaban una merienda o cena en la que por supuesto no faltaba el porrón de vino.  

 


 


LAS CENDERAS

Las lavanderas. Francisco de Goya siglo XVIII
 

Cuando había que hacer alguna actividad que afectaba a toda la comunidad, el alcalde convocaba a lo que se conocía como CENDERAS. El alguacil, corneta en mano, avisaba el día anterior para que un miembro por cada familia acudiera al día siguiente a primera  hora de la mañana para arreglar caminos, fuentes, cortar la hierba del toro, reparar tejados de edificios públicos, etc. Si la faena no se terminaba por la mañana, cada familia llevaba la comida a su representante. Las bromas y las mofas eran constantes y mucho más al final de la jornada cuando hacían la merienda  en la que el vino, el escabeche y el pan corrían por  cuenta del ayuntamiento. Más de uno terminaba el día en condiciones dudosas.

A la fuente
 



LA ENTRADA DE VECINO

Cada vez que había una nueva familia, se le permitía entrar como vecino siempre y cuando el marido o la esposa o ambos fueran nacidos en el pueblo. La entrada como vecino significaba beneficiarse de una serie de ventajas que se les daba a los que tenían tal condición. Podrían soltar en el soto las vacas, machos, mulas, yeguas y caballos. Tendrían derecho a entrar en el sorteo de leña procedente de la corta de pinos. La ventaja más importante es la que estaba regulada por la ordenanza especial del Ayuntamiento de Muriel relativa a la distribución entre los vecinos de 400 m3 de madera procedentes del comunero o Pinar Grande. El acto por el que se le reconocía como nuevo vecino se celebraba en el Ayuntamiento. Previamente realizaban una merienda a la que acudían todos los vecinos y en la que el pretendiente debía aportar una serie de prebendas tales como cierta cantidad de dinero y varias cántaras de vino.

Pastor tocando la flauta
 



LA CANTADA DE ALBADAS

Cuando se celebraba una boda acudían familiares e invitados de varios pueblos de los alrededores. Los más mayores lo hacían en carros o mulos y los más jóvenes a pie. Para hacer frente a tanto convite los padres de los novios solían matar varios carneros y ovejas e incluso alguna ternera si la había. La boda solía durar 2 o 3 días  durante los cuales se realizaban las costumbres típicas de este tipo de acontecimientos. Se paseaban a los novios por el pueblo subidos en un carro mientras los invitados iban alrededor en son de buena armonía. Se repartían caramelos entre todos los chicos y chicas del pueblo. De todas las tradiciones, la más significativa era la que se conocía como CANTADA DE ALBADAS y consistía en que los mozos debían ser invitados a cenar con los novios para después cantarles una serie de canciones llenas de recomendaciones y consejos para la buena armonía de la pareja. En más de una ocasión los novios no quisieron cumplir con esta tradición. En esos casos la cantada de albadas se convertía en CENCERRADA porque los mozos se pasaban toda la noche hasta el amanecer tocando y haciendo sonar cencerros delante de la casa de los recién casados.

La orquesta
El baile del antiguo. Darío de Regoyos. Siglo XIX
 



LOS CARNAVALES

Los carnavales eran las fiestas típicas previas a la cuaresma cristiana en las que la gente rompía con los cánones morales. El uso de máscaras y disfraces mantenía el anonimato y permitía comportamientos desinhibidos. Estuvieron prohibidos en la época de la dictadura de Franco hasta que volvieron a resurgir con fuerza en los años 70. Una tradición era LA CORRIDA DE LA VAQUILLA en la que un mozo se colocaba encima un artilugio hecho con palos entrelazados al que se le ataba unos cuernos y unos sacos con forma de cabeza de toro. Este artilugio con el mozo debajo se cubría con una manta y corría detrás de la chiquillada. Los más pequeños escapaban asustados, los más mayores intentaban burlar a la vaquilla y descubrir quién había debajo de la manta. Ese día los mozos también pedían por todas las casas para después, junto con las mozas  y sentados en círculo, merendaban en el salón. Después comenzaban los bailes en los que con una guitarra, una gaita, una botella de anís y una perra gorda formaban la orquesta. En las escuelas celebraban el JUEVESLARDERO que consistía en ir a merendar chicos y chicas junto con los maestros a algún lugar de los alrededores del pueblo.

Niños jugando al toro. Anónimo. Museo Lázaro Galdeano
El juego de los bolos. Tapiz de la Real Fábrica. Museo de la Catedral de Santiago
 



LOS ESQUILOS

Antes de la llegada del verano, había que quitar la lana a las ovejas. Todas las familias que tenían ovejas (la mayoría) debían prefijar los días con los esquiladores que, en grupos de 4 o 5 recorrían los pueblos realizando estos trabajos. A pesar de que el esquilo era una necesidad, había algunas tradiciones propias de esos días. Así las familias se ayudaban entre ellas igual que en las matanzas, se hacían tortas rojas, sinónimo de día grande, se hacía sopa de vino que consistía en mezclar vino con azúcar y con trozos de pan, se mataban carneros e incluso algún pollo de los auténticos de corral. La mañana se comenzaba tomando copas de aguardiente con rosquillos o tarta roja. Los ayudantes iban trayendo ovejas, trabándolas, separando las esquiladas, recogiendo la lana cortada, y los esquiladores una a una con tijera en ristre iban quitando la lana a las ovejas. A media mañana se paraba para tomar la sopa de vino, primero los trozos de pan empapados de vino y luego lo que quedaba se echaba al porrón una y otra vez para ir bebiendo mientras se proseguía con el esquilo. Los esquiladores con estas medicinas aguantaban horas y horas a pesar de ser oficio duro por tener que estar permanentemente encorvados.

Recogiendo la lana
 



LAS PROCESIONES

La vida de nuestros abuelos estaba muy ligada a los actos y tradiciones religiosas. Además de las misas dominicales a las que acudían casi todo el pueblo, existían actos específicos para Navidad, para La Cuaresma, para la Semana Santa, para el mes de Mayo, etc. Las que aún se conservan casi en su totalidad son las procesiones que se realizaban  en fechas muy concretas. De forma cronológica la primera era la de La Pascua de Semana Santa en la que los hombres con el Pendón, el Estandarte y el Cristo hacían un recorrido determinado y las mujeres con la Virgen otro totalmente distinto. En un punto concreto se juntaban y volvían juntos a la iglesia. La segunda procesión se celebraba el 3 de mayo día de la Cruz. El recorrido iba desde la iglesia hasta la ermita. Se llevaba la imagen de la Virgen del Valle que se dejaba en la ermita y se recogía la imagen de San Nicolás que se devolvía a la iglesia. La siguiente procesión era la del día del Señor, día grande equiparable al día de la fiesta. Este día se hacían rosquillos y torta roja y todo el mundo vestía las mejores prendas. La procesión recorría todo el perímetro del pueblo. La cuarta procesión era la de la bendición de los campos que se realizaba el 15 de Mayo día de San Isidro. Se iba a una de las tres cruces existentes en las cercanías del pueblo: las Callejuelas, el camino de Avioncillo y el Cerro. Se bendecían los campos y se volvía a la iglesia. Las últimas procesiones eran las de la fiesta mayor. Antiguamente se celebraban a principios de Diciembre, luego se trasladaron al 16 de Septiembre y actualmente se celebran el último fin de semana de Agosto. El primer día de la fiesta la procesión era igual que la del día del Señor. La del segundo se iba a la ermita, se llevaba la imagen de San Nicolás y se traía las imagen de la Virgen del Valle. En todas estas fiestas, durante la tarde, los hombres jugaban al guiñote o a la tanguilla y las mujeres a los bolos. Al atardecer comenzaba  el baile en el quien más y quien menos tenía sus preferencias.

Procesión a la ermita. Eugenio Lucas Velásquez. Siglo XIX
Jugadores de cartas. Paul Cezanne. Siglo XIX
     
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