T R A B A J O S  D E  A N T A Ñ O

 


ARAR, SEMBRAR, SEGAR, TRILLAR

Los principales trabajos eran los relacionados con la agricultura o con el pastoreo. Sus necesidades básicas alimenticias las  conseguían de estas dos actividades.  Dentro de la agricultura en función de la época del año realizaban una actividad u otra. Estaban tremendamente condicionados por el estado del tiempo hasta tal punto que los trabajos que realizaban cada jornada dependían del aspecto atmosférico del día. Así en verano si llovía no se podía segar ni trillar. Por el contrario la siembra se realizaba  siempre y cuando  la tierra estuviera con cierta humedad. En cuanto a la ganadería, a los rebaños de ovejas había que procurarles durante todos los días del año  alimentos necesarios mediante el pastoreo o directamente en la taina si la nieve impedía pastar. Las labores agrícolas o ganaderas eran su principal ocupación y condicionaban  el  resto de actividades que aunque menos importantes eran necesario realizarlas para solucionar las necesidades propias de aquella época. A grandes rasgos describimos estas segundas ocupaciones aunque solo sea como recordatorio de lo que tuvieron que hacer nuestros abuelos para poder vivir lo más dignamente posible.





Las espigadoras. Jean Francois Millet Siglo XIX
 
 


HACER JABÓN

En aquellos años no era posible comprar muchos de los productos que ahora nos parecen imprescindibles. No existían la variedad de jabones, detergentes y polvos que se utilizan actualmente para lavar ropa, fregar, suavizar, etc. Los jabones se hacían utilizando las grasas de los animales principalmente del cerdo. Las famosas mantecas que se conservaban desde la matanza, se calentaban y se mezclaban con sosa cáustica. El líquido resultante se vaciaba en moldes de madera. Cuando se enfriaba, se solidificaba y se retiraban los moldes. Últimamente están proliferando los jabones artesanales en los que el proceso de fabricación vuelve a ser semejante al empleado antiguamente. La diferencia entre estos jabones y los comerciales está en que mientras a los segundos les extraen la glicerina que se genera en la mezcla de la grasa con la sosa, en los artesanales esta glicerina se queda mezclada con el jabón lo que le confiere propiedades refrescantes para la piel.


                  HACER LEÑA

La siega. Pieter Brueghel Siglo XVI
La siesta. Jean Francois Millet Siglo XIX
 
 


La vida familiar se hacía en la cocina en torno a la lumbre de fogón bajo. A primeras horas de la mañana se hacía fuego y se mantenía encendido durante todo el día. Todos los años después de terminadas las faenas del campo propias del verano, y antes de que llegaran los fríos del invierno, era necesario acopiarse de leña suficiente.  La leña procedía de los desbrozos de los  pinos cortados  anteriormente. Para saber qué leña podía recoger cada vecino, previamente se marcaban con números los distintos montones de ramas y recortes para después realizar un sorteo en el que participaban todos los que según la ordenanza municipal tenía derecho a percibir leña. 




                      HACER CAL

Los leñadores. Francisco de Goya siglo XVIII  
 

La cal procedía de las piedras calizas que tanto abundan en los alrededores del pueblo. Para obtener cal era necesario calcinar las piedras lo cual se conseguía en unos hornos pequeños llamados caleros que tenían la entrada a ras de suelo con el fin de poder introducir mejor las piedras.  la temperatura debía llegar hasta los 1000º. Aún se pueden ver restos de estos hornos en algún lugar del monte. La cal viva así obtenida no se podía utilizar por ser un producto abrasivo. Era necesario añadirle agua para descomponerla y convertirla en cal apagada. La cal se utilizaba para blanquear las paredes y para eliminar parásitos. También se utilizaba la cal para hacer el mortero al mezclarla con agua y arena.  

El aserrador de Camile Pizarro siglo XIX  
 


ENJALBEGAR

El jalbegue es distinto que la cal. El jalbegue era arcilla blanca que se encontraba en muy pocos sitios en los alrededores de Muriel. Se utilizaba para blanquear las paredes y se hacía una vez al año las vísperas de la fiesta grande del pueblo. La arcilla blanca se mezclaba con agua hasta conseguir una pasta lechosa. Con pieles de cordero a las que no se les había quitado la lana, se iba untando todas las paredes de las casa hasta conseguir quitar manchas y suciedades.

Campesino con mujer sembrando  
 


HACER HILOS DE LANA

La lana procedente de los esquilos  se almacenaba en sacos.  La que no vendían, la utilizaban para hacer colchones o para hacer hilos con los que confeccionar prendas de abrigo. En ambos casos lo primero que se hacía era lavarla y limpiarla. La destinada a los colchones  se ahuecaba y se extendía sobre telas que después se cosían para formar el colchón. Las destinadas para hilar primeramente se sometían a un proceso de cepillado o cardado para que quedaran huecas. De esta lana se sacaban hebras, se enlazaban con cuidado y se iban recogiendo en la rueca. Después seguían las operaciones con el huso en el que a base de ir uniendo varias hebras y de retorcerlas por los movimientos giratorios, se conseguían los hilos que después se recogían en madejas u ovillos. Cuando se quería conseguir colores distintos al blanco, la lana cardada se introducía en tintes para después proseguir todo el procedimiento.

Las hilanderas (detalle) Velásquez siglo XVII  
 


HACER HILOS DE CÁÑAMO

La tela de cáñamo era una tela fuerte y más basta que la de la lana. Se utilizaba principalmente para hacer sacos en donde se guardaba los piensos para el ganado, los cereales que se recolectaban, etc. El cañamón se sembraba en tierras buenas, crecía durante la primavera y el verano y en el mes de septiembre cuando había alcanzado unos 2 mts de altura se recolectaba. Los haces se sumergían durante varios días en el río para separar la caña de la corteza. Posteriormente se utilizaba un artilugio formado principalmente por una tabla con varias hendiduras en donde se iban colocando las cañas a las que se les  golpeaba con otra pieza de madera hasta que la caña se rompía.  De esta forma era fácil separar la envoltura de esas cañas formadas por fibras finas y alargadas. Con estas envolturas se hacían  ovillos para después ir sacando hebra a hebra e ir formando los hilos de forma semejante a como se hacía con la lana de oveja.

Las hilanderas (detalle) Velásquez siglo XVII  
 


MOLER

En la mayoría de los pueblos había un molino. Necesitaban moler casi todos los cereales que recolectaban. El trigo y el centeno para hacer  harina con la que cocer pan. La cebada y la avena para hacer pienso para ovejas, vacas y demás animales. Era normal tener que hacer turno por la cantidad de molienda que se hacía. Los molinos aprovechaban la fuerza del agua al crear cierto desnivel y golpear con fuerza sobre unas aspas de una rueda que a su vez hacía girar una gran piedra redonda sobre otra. Entre ambas piedras iba cayendo el cereal el cual se iba triturando. El molinero cobraba su trabajo quedándose con parte del grano que se molía. A esta cantidad que se quedaba el molinero se le llamaba maquila y estaba establecida de antemano. Para separar la harina del salvado o cáscara del trigo, era necesario cerner la molienda. En Muriel, gracias al molino hubo luz eléctrica desde principio de los años cuarenta. Ocurrió que el dueño del molino pactó con el Ayuntamiento que él se encargaba de comprar el material y hacer el tendido eléctrico si el Ayuntamiento colocaba los postes de madera de enebro. También pactaron que el dueño del molino cobraría a cada familia en función de las bombillas que tuvieran en la casa. Esto que ahora nos parece muy atrasado, significó un adelanto considerable con relación a lo que existía hasta entonces. Para alumbrarse dentro de las casas tenían el candil y las velas. Si durante la noche tenían que ir fuera de casa, se alumbraban con faroles. 


El segador de hierba. Vicent Van Gogh Siglo XIX
 
 


GUARDAR LAS VACAS

Actualmente ningún vecino tiene vacas, pero antiguamente prácticamente todas las familias tenían uno o más de estos animales. Los necesitaban para realizar trabajos agrícolas y a la vez conseguían leche o vendían los terneros como carne. La forma de cuidarlos y mantenerlos necesitaba la  colaboración de todos los vecinos puesto que desde mediados de mayo hasta noviembre se permitía que pastaran fuera de el soto y se necesitaba una o dos personas para vigilarlas y evitar que se fueran a sembrados o a lugares no permitidos. Cada día le tocaba el turno de vaquero a vecinos distintos de tal forma que se empezaba el turno  por un extremo del pueblo y se terminaba por el otro. Durante los meses de invierno no era necesario realizar estos cuidados porque los animales se soltaban  por la mañana y volvían por la tarde sin salir de la dehesa y del soto. Para conseguir que las vacas quedaran preñadas, había un único toro o semental que era propiedad de todos los vecinos. Este animal se guardaba en el toril hoy reconstruido y dedicado a Centro de Internet rural.

Paisaje con vacas. Albert Jansz Klomp siglo XVII
El molino. Crome siglo XVII
 
 


HACER JUMA

En la época de nuestros abuelos no existían los abonos químicos para abonar las tierras de cultivo. Era necesario abonarlas con abonos naturales procedentes de los estiércoles de los rebaños de ovejas. Para conseguir estos abonos se introducían en las tainas donde dormían las ovejas grandes cantidades de tierra, hojas, hierbas y pequeños arbustos que había alrededor de los troncos de los enebros o de los pinos. Esta materia en contacto durante los meses de invierno con los excrementos de las ovejas, se convertía en un abono orgánico excelente para la agricultura. Al comienzo de la primavera se sacaba de las tainas y se extendía sobre las tierras de labor. Desde hace varios años la agricultura biológica ha recuperado la importancia de este tipo de abonos naturales puesto que está comprobado que los abonos químicos van destruyendo los microorganismos de la tierra responsables de la asimilación de los nutrientes por las plantas.

Campesina recogiendo patatas. Vicent Van Gogh Siglo XIX  
       
       
                                                                                               Cerrar la ventana para salir                                                                       Subir